Edición N°11

  • por Gabriel A. Minkowicz - Lydia Norma Garchtrom

    El texto bíblico ha sabido referir a los conflictos, en general, y a los interpersonales en particular. El primero de estos, el conflicto fue el suscitado entre Caín y Abel (Gén. 4:8-16). Una manifiesta rivalidad entre hermanos producto de la "elección" divina que recae sobre Abel, relegando a un segundo plano a Caín, cual padre que tiene predilección por uno de sus hijos. Caín no podía tolerar la predilección que Dios tenía sobre Abel, y presa de los celos y la envidia mata a Abel propiciándose de este modo una resolución negativa del conflicto.

    • El número de víctimas aún permanece incierto. ¿Fueron 800? ¿Fueron 1000? ¿Fueron 1600? ¿Cuántos judíos fueron asesinados en aquel día de verano del 10 de julio de 1941 en Jedwabne? Más de la mitad de los habitantes de este shtetl pacífico, persiguió, atacó, arreó, encerró y quemó a la otra mitad.

      • Antes de nuestra era. Siglo XII: primera referencia a Israel. Una estela egipcia celebra la devastación de un grupo con ese nombre. Siglo VII: se consolida un estado hebreo alrededor de la tribu de Judá y la dinastía de un fundador, David, y su capital, Jerusalem. Esa tribu y ese linaje derrotaron al benjaminita Saúl. De sus competidores, tribus también hebreas, en el norte, se encargaron los asirios. El pequeño poder regional duró poco, suficiente para burocratizar un culto monolátrico, y justificar su predominio a través de textos que realzaban la figura de David.