El judaísmo alemán

De los aportes universales a las cámaras de gas.

Esta es una épica historia íntimamente ligada de dos pueblos, el alemán y el judío, que en su largo trasegar dio origen a una relación simbiótica de características únicas en la historia de las comunidades judías en el mundo.

Una historia cubierta de gloria y de contribuciones universales sin paralelo, que reformó profunda y globalmente al pueblo judío, una historia fascinante que desnuda el espíritu humano en sus más elevadas realizaciones y en sus más abominables instintos, una historia con un trágico epílogo de cenizas, humo y sangre.

Esta es la historia del judaísmo alemán.

Todo comienza a mediados del siglo XVIII con la llegada a Berlín, capital de Prusia, de un humilde adolescente, Moisés Mendelsohn, uno de los aproximadamente 60 mil judíos residentes en los territorios alemanes.

De salud precaria pero con una mente fuera de lo común Mendelsohn fundaría el iluminismo, movimiento emancipador judío, que rompía con siglos de encerramiento en los guetos y con las costumbres y tradiciones medievales de las comunidades judías europeas.

El iluminismo, consistía en que los judíos podían mantener sus tradiciones y religión, integrándose a la vida del país, hablando su idioma, adaptando sus costumbres cotidianas, su vestimenta y su forma de vida.

Mendelsohn, que cuando llegó a Berlín no hablaba alemán, se convirtió además en uno de los más importante hombres de las letras alemanas de la época.

Una parte muy significativa de su legado tiene que ver con el trabajo realizado con su colega alemán Gustav Lessing, padre de la ilustración alemana. Ambas culturas la judía y la alemana se desarrollaron bajo una influencia mutua que daría pie a una formidable realidad en la cual la cultura, la idiosincrasia y la identidad alemana durante un siglo fueron fuertemente influenciadas por judíos y viceversa.

A Mendelsohn se le conocía ya en vida como el Sócrates Alemán y el Lutero Judío1, con lo cual se magnificaba su contribución tanto a la reforma del judaísmo como a la  emancipación alemana.

Otro personaje que dejó una profunda huella en la creación cultural fue Heinrich Heine, poeta nacional de Alemania, quien aun en su lecho de muerte padecía el lacerante conflicto interno entre su ser judío y su ser alemán1.

En 1848, año de agitación en Europa, hace su aparición Karl Heinrich Marx descendiente de una familia de generaciones de rabinos, padre del comunismo, movimiento que cambiaría la faz de Europa y en cuyas filas sobresalieron gran cantidad de intelectuales, profesionales y obreros judíos en todos los países.

Lo que en parte permitió a muchos judíos sobresalir en actividades culturales y científicas, a pesar de las numerosas restricciones a ellos impuestas, fue el apoyo de los banqueros judíos. La banca como institución universal, fue fundada por judíos alemanes en la edad media, cuando algunas familias se dedicaron a prestar dinero, actividad que les estaba expresamente prohibida a los cristianos.

Fue el iluminismo judío nacido en Alemania que dio posteriormente origen a los trascendentales movimientos y corrientes al interior del pueblo judío que lo traerían a la modernidad.  El judaísmo conservador, el reformista, la moderna sinagoga ortodoxa y el movimiento sionista, tienen su origen en tierras germanas.

En alemán fueron escritas las obras del padre del sionismo Teodoro Herzl; "El Estado Judío" y "Vieja nueva tierra".

El Ascenso de Alemania a imperio principal de Europa comienza con la llegada al poder de Otto Von Bismark, bajo el emperador Guillermo Federico de Prusia.

Bismark, fundador del segundo Reich, estableció el estado de bienestar y convirtió a Berlín en el centro de la diplomacia europea. Bajo su liderazgo los judíos gozaron de una gran cantidad de derechos, y continuaron su ascendente protagonismo en todos los campos del devenir social germano.

Pero también asom ignominiosa la cabeza del antisemitismo. Heinrich Von Treitschke, uno de los principales historiadores y políticos alemanes de fines del siglo XIX, destacado líder del nacionalismo alemán, fue también un adalid del antisemitismo, y a quien se le atribuye la frase "los judíos son nuestra maldición", acogida años después por los nazis.

A comienzos del siglo XX, una radiografía de la sociedad alemana muestra que en la antesala del estallido de la primera guerra mundial, una gran proporción de los banqueros, académicos, comerciantes, científicos, industriales, dirigentes sindicales, líderes del partido comunista y de la social democracia, y directores de medios, eran judíos1.

Nunca en la historia, una comunidad judía había llegado a tener una influencia tan marcada en una sociedad, como los judíos en la Alemania de la preguerra.

Una de las vedettes en el Berlín de entonces, era un profesor de física del Karl Wilhem Institut de nombre Albert Einstein. Ganador del premio Nobel de física, en 1921, Sus clases eran una romería de estudiantes, profesores, periodistas y gente del común que acudían a ellas como a un espectáculo artístico1. Einstein se convertiría en la figura más descollante y simbólica del judaísmo alemán. Su vida terminaría en el exilio en Princeton y en 1955, año en que falleció, le fue ofrecida la presidencia del Estado de Israel.

También aparecía en Austria el médico y biólogo judío Sigmund Shlomo Freud, padre del psicoanálisis, quien se exilió en Londres una vez los Nazis ocuparon su nativa Austria, considerada por unos y otros parte del las -deutcheländer- tierras alemanas.

Al estallar la primera guerra mundial la comunidad judía alemana cayó en una especie de delirio colectivo. Querían demostrar a toda costa su patriotismo y su apoyo al "Heimat", Querían ser más alemanes que los alemanes.

De todos los ámbitos de la sociedad, académicos, artísticos, políticos, de la izquierda, de los sionistas, emanaron apoyos destemplados de los judíos a la guerra imperialista de Alemania y su aliado el imperio austro-húngaro.

Las armas químicas que tantas muertes causaron en el frente de batalla, fueron producto del trabajo del científico judío, condiscípulo de Einstein, Fritz Haber, quien inventó el gas mostaza y el cyclon B. Al final de la conflagración Haber fue declarado criminal de guerra1.

Paradójicamente las pocas voces que se alzaron contra la guerra fueron también de judíos: Albert Einstein y los posteriormente asesinados líderes del partido comunista alemán Karl Libnecht y Rosa Luxemburgo.

85 mil judíos sirvieron en el ejército alemán, de los cuales casi 30 mil recibieron condecoraciones al valor. 12 mil judíos murieron en las filas alemanas entre 1914 y 19182. Fue un oficial judío, Harold Gutman quien otorgó la medalla al valor a un joven suboficial del ejército alemán de nombre Adolf Hitler1.

Alemania fue finalmente derrotada y sujeta a draconianas condiciones por parte de los aliados vencedores. La monarquía prusiana fue derrocada para dar origen a la República de Weimar, ciudad donde con una notoria participación judía se redacto la nueva constitución alemana.

En la primera elección al Reichstag fueron elegidos 24 judíos y había 6 ministros hebreos en el gobierno del primer canciller de Weimar, Frederich Ebert1.

Uno de los personajes más fascinantes durante las primeras dos décadas del siglo XX fue Walter Rathenau, ministro de relaciones exteriores de la Alemania de Weimar. Rathenau personificaba al judío alemán emancipado, miembro de la elite económica y política prusiana. Su asesinato a manos de ultraderechistas alemanes en 1922 sacudió los cimientos de la república de Weimar y constituyó un sangriento presagio que lo que estaba por venir.

En el campo científico y cultural, descolló el Instituto de Investigación Social, conocido como la escuela de Frankfurt, entre cuyas luminarias, todos judíos, sobresalieron Erich Fromm, Herbert Marcuse, Walter Benjamín, Theodor Adorno y Karl Mannheim1.

En 1933 sufriendo niveles históricos de hiperinflación y desempleo es nombrado canciller del Reich Adolfo Hitler, quien en 1925 en su panfleto "Mein Kampf" ya había acusado a los judíos de ser responsables de los males de Alemania y de la Humanidad.

Con su llegada al poder comienza el trágico y dramático final de una comunidad judía única en la historia, que dejo una profunda huella en la humanidad toda, y que transformó quizás como ninguna el carácter, la idiosincrasia y la identidad del pueblo judío.

Quince años después ya no quedaba nada. Alemania había exorcizado a los judíos que por siglos hicieron parte de su tejido social y en el camino exterminó a un tercio de la judería europea. El antisemitismo, aquella faz oscura de la identidad alemana, estalló finalmente con una furia inusitada, virulenta, incontrolable, letal.

El judaísmo alemán, nacido con Mendelsohn bajo una concepción pluralista, de integración a la sociedad alemana, subía al cielo por las chimeneas de Auschwitz.

El judaísmo Alemán perdía su cuerpo. Alemania perdía su alma.


Notas
1 Amos Elon, "The pity of it all" "A portrait of the German Jewish epoch"
2 Die Judishen Gefallenen


Nota: este artículo fue publicado por primera vez en la publicación de la Universidad Nacional de Colombia. Ha sido modificado para Coloquio.

Dedico este artículo a la memoria de mi padre Alfred Peckel Neuman, nacido en Prusia, corazón del imperio alemán, abogado de la universidad libre de Berlín, judío emancipado a quien las leyes de Nuremberg en 1933 le cercenaron su carrera y parte de su identidad. En 1939 abandonó su Prusia natal, y después de muchos devenires llegó a Colombia donde falleció en 1991.

ISSN: 1022-9833