Crónica de un acuerdo anunciado

Análisis del principio de acuerdo entre las potencias mundiales e Irán

Pocas dudas quedan que las dos partes querían un acuerdo a como dé lugar, Irán y Estados Unidos y que del lujoso hotel BeauRivage Palace de Lausana no saldrían lo negociadores, incluyendo los  respectivos ministros de relaciones exteriores Zarif y  Kerry,  sin un papel  firmado,lo cual finalmente se  logró dos días después del auto impuesto plazo final del 31 de marzo.  Más de una década de frustradas negociaciones entre Irán y sus contrapartes llegaban  a su fin, o casi pues aún falta el documento final. 

Irán necesita el acuerdo para  liberarse de  las severas sanciones que le ha impuesto la comunidad internacional incluidas 4 rondas en el Consejo de Seguridad, pero sin  aparecerclaudicando  ante occidente, salvando el orgullo nacional ycomo miembro del exclusivo club  nuclear.  A Estados Unidos el acuerdo le permite redireccionar sus prioridades en unaregión que  sufre  una  vorágine con el colapso de los Estados,  el fortalecimiento de los radicalismos,  la guerra fratricida entre sunnitas y shiitas y el conflicto regional entre Irán y Arabia Saudita cuyo más reciente capítulo  estalló en  Yemen. 

Como en toda negociación, ninguna de las partes obtuvo todo lo que aspiraba   y  era imperativo  para cada uno “bajarse” de  los objetivosmaximalistas. Tanto Obama como Rouhanienfrentan  dura oposición interna al sólo  hecho de “negociar con el enemigo”, independiente del texto final, pues se trata  de  dos contendores  que por 35 años han mantenido una relación conflictiva, violenta,  de mutua   desconfianza y  plena en recriminaciones y acusaciones. Ahora con losacuerdos firmados y  los plazos establecidos,  Irán y Estados Unidos estarán obligados dormir juntos por mucho tiempo y aunque  las desavenencias  aparecerán de tiempo en tiempo, parece que para ambos es mucho peor el divorcio. Incluso  hasta  junio 30 cuando deben quedar finiquitados los detalles técnicos del acuerdo de Lausana,  es  plausible que ocurran escaramuzas, las primeras de las cuales ya comenzaron con diferentes  interpretaciones  sobre  lo acordado entre funcionarios de Irán y de Estados Unidos. 

El  gran interrogante  que plantea   el acuerdo tiene que ver  con la disposición  de Irán de cumplir con todas y cada una de  sus premisas, tras años de haber engañado a  la Agencia Internacional de Energía Atómica  y a la comunidad internacional.   El descubrimiento en 2009 de la planta secreta subterránea en Fordo dio al traste con  acercamientos que entonces se estaban haciendo con los Ayatolas.  

Estados Unidos  debe   hacer ahora equilibrismo  diplomático con sus aliados en la región,  para quienes el acuerdo con Irán representa casi que  “una  puñalada en la espalda”.  

Por un lado Arabia Saudita y los países del golfo enfrascados en un conflicto con Irán  que a través del  apoyo a milicias shiitas, se ha constituido en una fuerza desestabilizadora  en la región, fomentando  la guerra sectaria sunita-shiita.
En lo referente a Israel,   implacable crítico de la  negociación con Irán  porlas reiteradas declaraciones de su  líder supremo Ali  Khamenei y otros  altos funcionarios  amenazando con“la destrucción del Estado Judío”, queda la posibilidad que en los meses que  faltan para sellar los acuerdos, se involucre con Estados Unidos en sacar lo mejor posible para reducir al máximo la amenaza ante la  imposibilidad de eliminarla del todo.  Israel estará  muy vigilante para denunciar la mínima violación  por parte de Irán.

Los acuerdos, que en ninguna parte  del texto conocido especifican  que el programa nuclear debe ser para fines pacíficos,  tienen una duración de entre 10 y 15 años, limitan el número y calidad de  las centrífugas que Irán puede  poseer, el máximo nivel de enriquecimiento de Uranio al que se le permite acceder, la transformación de la planta de agua pesada enArak, apta para fabricación de plutonio bélico,  para fines únicamente científicos y médicos y reducción significativa del inventario  ya en su posesión  de  Uranio enriquecido. Lo anterior controlado por un rígido sistema  sin precedentes de inspecciones  y vigilancia a plantas, minas, laboratorios y reactores. 

El  asunto  más   álgido  de  los acuerdos entre Irán y el P5+1 tiene que ver con  el tiempo que se estima  necesitaría  Irán  para construir una bomba si así lo decidiese.  Actualmente este lapso es de unos tres meses.  Las limitaciones impuestas  “estiran” ese plazo a  más o menos uno año, tiempo en el cual presumiblemente se podrá detectar la intención y tomar las medidas del caso, incluso acción  militar.

El acuerdo con Irán  se convierte así en el más importante legado en política exterior de Barak Obama  por sus implicaciones de hondo calado en esta región que se le salió completamente de las manos a Estados Unidos tras su  calamitosa invasión a Iraq, “el pecado original”.  Aunque Irán no será todavía Cuba, se nivela  en algo el terreno para  posibles  futuras alianzas  y colaboración entre Washington y Teherán quienes de facto ya   coordinan acciones contra el Estado Islámico –ISIS-  en Irak y Siria.   Esto asumiendo que Lausana no se convierte en otro Múnich.


*Por Marcos Peckel, Director Ejecutivo de la Confederación de Comunidades Judías de Colombia